Recientemente tuve la oportunidad de participar en el Bootcamp sobre Autocuidado e Inclusión, organizado por Lar de Artemis en Lugo, España, del 13 al 15 de julio. La actividad formaba parte del programa Erasmus+ y contó con la participación de los formadores Carmen Marcu y Adrian Socol.
El Bootcamp reunió a alrededor de 20 participantes de diferentes organizaciones de España y Rumanía. Desde el principio, sentí que era mucho más que una formación. Fue un espacio acogedor en el que pudimos compartir experiencias, ideas y buenas prácticas y, sobre todo, aprender unos de otros.
Aprender a mirar más allá de nuestra propia perspectiva
Durante los primeros días, exploramos temas como la inclusión y la diversidad, los estereotipos, los prejuicios, la transformación digital, la sostenibilidad medioambiental y las barreras que pueden impedir que las personas se sientan realmente incluidas.
Una de las partes que más valiosa me resultó fue la invitación a reflexionar sobre nuestros propios sesgos y prejuicios. A menudo pensamos que los sesgos son algo que afecta a otras personas, pero las sesiones nos recordaron que todos tenemos ideas y suposiciones inconscientes. Aprender a reconocerlas es un primer paso importante para tomar decisiones más justas, crear entornos más saludables y construir relaciones basadas en la confianza.
También exploramos los efectos del trauma y cómo puede influir en la vida y el comportamiento de las personas. Una de las ideas que más me quedó fue la importancia de ver a la persona más allá de sus dificultades. En lugar de definir a alguien por su trauma o sus problemas, debemos intentar ayudarle a reconectar con sus fortalezas, su identidad y su resiliencia.
Fue un recordatorio especialmente importante de que la empatía y la comprensión pueden ser el punto de partida para generar cambios significativos.
El autocuidado también forma parte del trabajo
El Bootcamp también nos ofreció muchos momentos para parar y reflexionar sobre nosotros mismos.
A través de diferentes ejercicios prácticos, exploramos qué es realmente importante para nosotros y cómo podemos mantener un equilibrio más saludable entre cuerpo, mente y emociones. Me hizo reflexionar sobre lo fácil que es centrarnos en apoyar a los demás y olvidarnos de cuidarnos a nosotros mismos.
Uno de los mensajes que me llevo conmigo es que el autocuidado no es un lujo ni algo que hacemos solo cuando tenemos tiempo. Es una parte esencial para poder mantenernos empáticos, resilientes y capaces de apoyar a las personas y comunidades que nos rodean.
Las personas hicieron que la experiencia fuera especial
Pero, para mí, lo más memorable del Bootcamp fueron las personas.
Durante la formación trabajamos en diferentes grupos, lo que nos permitió conocer y colaborar con prácticamente todo el mundo. Aunque el inglés no era la lengua materna de ninguno de nosotros, la barrera del idioma rápidamente pasó a un segundo plano. Compartíamos curiosidad, entusiasmo y un deseo genuino de aprender, y la comunicación surgió de forma natural.
La experiencia también continuó fuera del aula. Compartimos comidas, exploramos Lugo juntos y hablamos sobre nuestras culturas, organizaciones y experiencias personales. Estos momentos informales fueron tan importantes como las propias sesiones de formación. Fue allí donde surgieron de manera natural nuevas amistades y conexiones profesionales.
Cerrando el viaje en el Camino
El Bootcamp terminó con una caminata de más de 15 kilómetros por el Camino de Santiago.
Fue una forma preciosa y simbólica de cerrar la experiencia. Después de pasar varios días hablando sobre resiliencia, inclusión, crecimiento personal y conexión, tuvimos la oportunidad de simplemente caminar juntos, reflexionar y disfrutar del camino.
Para mí, el Camino se convirtió en una metáfora de toda la experiencia: el crecimiento no ocurre de la noche a la mañana y el cambio significativo es un viaje. A veces necesitamos perseverancia, otras veces el apoyo de los demás y, en ocasiones, simplemente el valor para seguir avanzando.
Y esto es solo el principio
El Bootcamp ha terminado, pero el proyecto continúa.
Durante los próximos meses, seguiremos trabajando con nuestros compañeros para desarrollar nuestros proyectos y planes de acción, llevando todo lo aprendido de vuelta a nuestras organizaciones y comunidades.
Me siento realmente agradecida por haber formado parte de esta experiencia. Llegué a Lugo esperando aprender nuevas herramientas y enfoques, pero me voy con mucho más: nuevas perspectivas, conexiones significativas, conversaciones inspiradoras y una motivación renovada para seguir trabajando por comunidades más inclusivas y solidarias.
Y quizá eso sea una de las cosas más valiosas que pueden ofrecernos las experiencias Erasmus+: la oportunidad de aprender, conectar y descubrir que, aunque vengamos de diferentes países y contextos, muchas veces estamos trabajando por el mismo tipo de futuro.
Author: Esther Pacheco Dickinson